martes, 3 de junio de 2014

Metamorfosis animadas


Jan Svankmajer, Juegos viriles, película, 1988
Un bello catálogo plagado de ilustraciones (algunas muy curiosas), y con breves y buenos textos (sin un solo lunar), acaba de publicarse para acompañar la exposición “Metamorfosis. Visiones fantásticas de Starewitch, Svankmajer y los hermanos Quay”, que transcurre hasta el 7 de septiembre en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona y desde el 2 de octubre hasta el 11 de enero en La Casa Encendida (Madrid).
Jan Svankmajer no necesita presentaciones. Como maestro de la animación, aparece aquí asociado al polaco Ladislas Starewitch (1882-1965) y a los gemelos Quay (1947), estadounidenses en Europa que en 1984 filmaron el admirable cortometraje The cabinet of Jan Svankmajer.
La directora del catálogo, Carolina López Caballero, es quien lo introduce, para a continuación abrir el desfile un texto de Brian Dillon sobre los gabinetes de curiosidades. El de Pascal Vimenet muestra el diálogo entre tres obras que son ciertamente, como él señala, irreductibles, vistos los cuerpos-marionetas de Svankmajer como “resaca del movimiento surrealista”, cuando en realidad son manifestación plena del mismo. Andrés Hispano se detiene en el imaginario común del trío de “irreductibles”, enfocando una serie de fuentes, temas y motivos compartidos (el bosque, el cuento tradicional, los animales, los muñecos, lo siniestro, la ciencia...). Ya en el abordaje de cada uno de los cineastas, François Martin se ocupa del cine de Starewitch y Jordi Costa tanto de los hermanos Quay como de Svankmajer. El texto dedicado al cineasta surrealista lleva por título “Teoría y práctica de la subversión. Una iniciación al inconsciente táctil de Jan Svankmajer”, y concluye, tras señalar su amor de lo gótico, del humor negro, de las mistificaciones y de los laberintos, con estas palabras: “Jan Svankmajer necesitaría una categoría nueva para ser definido o clasificado con propiedad. De momento, y a falta de algo mejor, podemos considerarlo un Maestro de Vida, alguien que nos ha dado el mejor consejo que jamás podrían darnos: «Para ver, cierra los ojos»”.
La sección documental se reparte en dos textos de Starewitch, uno de los hermanos Quay y, de Svankmajer, el maravilloso “Decálogo”, un escrito sobre los gabinetes de curiosidades y una interesante entrevista en que habla del surrealismo, de los objetos, de la infancia, de Eva Svankmajerova, de la animación y de su nuevo guion, titulado “Insectos”, que él caracteriza como kafkiano y “acentuadamente misantrópico”. Sobre el surrealismo dice:
“Existen muchos malentendidos en torno al surrealismo. Los historiadores del arte lo consideran una de las corrientes vanguardistas de la primera mitad del siglo XX. Desde su punto de vista, el surrealismo está muerto desde hace más de sesenta años. En el vocabulario general, la palabra surrealista se usa como sinónimo de algo insensato, absurdo. Sobre todo hay que decir que el surrealismo no es arte. No existen ni pintura surrealista ni cine surrealista. Hay que decir «surrealismo en el arte», «surrealismo en la pintura» y «surrealismo en el cine». Y es que no existe ni estética surrealista ni un método surrealista, ni tampoco una escuela surrealista. El surrealismo representa cierta visión de la vida y del mundo; yo diría una visión mágica de la vida y del mundo. El surrealismo me enseñó tres cosas: primero, me quitó el miedo a lo colectivo, porque el surrealismo es una aventura colectiva; segundo, desarrolló mi imaginación, que llegó a adquirir unas dimensiones insospechadas; y tercero, me enseñó que solo existe una poesía, así que no importa qué método usemos para abordarla”.
Al referirse a la animación, Svankmajer rechaza la animación digital:
“La animación es magia y el animador es un chamán. Al parecer, nuestros antecesores, a través de la fuerza de su mente mágica, eran capaces de dotar de vida a la naturaleza inanimada. Nosotros necesitamos de la tecnología para hacerlo posible. El uso de la tecnología no ha de ser ostentoso, tal y como sucede –según creo yo– en el caso de la animación digital. Lo que no me gusta de la animación digital es, sobre todo, que carece de la faceta táctil. La realidad virtual representa una realidad impoluta y, por lo tanto, carece de la dimensión emocional y sensual”.
El texto sobre los gabinetes de curiosidades es magnífico, y concluye con unas interesantísimas notas sobre la composición del propio gabinete de curiosidades que los Svankmajer han construido en el caserón de Horni Stankov. El cineasta los opone a los museos y galerías, mostrando cómo erigen el mundo mágico de la imaginación frente al mundo racional de la civilización:
“El mundo mágico no está sujeto al historicismo ni a la jerarquización de los valores: no conoce el término productividad o habilidad humana, evita la palabra arte, y más aún términos como éxito o comercio. En el mundo mágico, lo único que es decisivo es el poder de la imaginación. Por eso en un gabinete de curiosidades pueden convivir fetiches del Congo, conchas del fondo del mar, dibujos hechos por mediums y locos, pinturas del Bosco o los paisajes abstractos de Tanguy, recipientes de alquimia de Giambattista della Porta, grabados de historia natural de Gesner o Albert Seba, o dibujos de Hercules Seghers junto a las criaturas erótico-grotescas de Schröder-Sonnenstern, las piezas artísticamente «degeneradas» de las colecciones del castillo de Ambras, la arquitectura del palais idéal del cartero Cheval, las pinturas ensambladas de Arcimboldo, la pintura paranoico-crítica de Salvador Dalí, las «Raíces» de Styrsky, etc. Todos estos artefactos son equiparables y no importa dónde, cuándo y por quién han sido creados, tanto si los ha creado el ser humano como si han sido obra de la naturaleza o bien del azar. Es la «dignidad mágica» –que tiene como única función la «metamorfosis de la vida»– lo que los une”.
Este catálogo dispone al final de la traducción en inglés de todos los textos. Y en cuanto a la exposición, un completísimo documental puede verse en la siguiente seña:

Jan Svankmajer, El supermacho, collage, 1997